jueves, 3 de junio de 2010

Prometeo - Goethe

Wolfgang von Goethe.


Cubre tu cielo, Zeus,

con un velo de nubes,

y juega, tal muchacho

que descabeza cardos,

con encinas y montañas;

pero mi tierra

deja en paz

y mi cabaña,

que tú no has hecho,

y mi hogar,

por cuyo fuego

me envidias.


¡No conozco nada más miserable bajo el sol

que vosotros, dioses!

Pobremente sustentáis con sacrificios

y aliento de oraciones

vuestra majestad,

y moriríais

si pordioseros y niños

no enloqueciesen de esperanza.


¡Y, cuando era niño,

no sabía por qué volvía

al sol la mirada extraviada!

¡Como si en lo alto alguien hubiera

que oyese mi lamento,

o un corazón que, como el mío,

se apiadase del oprimido!


¿Quién me ayudó

contra la furia de los titanes?

¿Quién me salvó de la muerte

y de la esclavitud?

¿Acaso no lo hiciste tú todo,

sagrado y ardiente corazón?

¿Y te consumiste, joven y bueno,

engañado, esperando algo

del que duerme allá arriba?

¿Que te venere? ¿Para qué?

¿Has mitigado el dolor del ofendido?

¿Has enjugado el llanto del sumido en la angustia?

¿Acaso no me hicieron hombre

el tiempo omnipotente

y el eterno destino,

mis señores y los tuyos?

¿Creíste tal vez

que odiar debía la vida

y huir al desierto

porque no todos los sueños maduraron?


Aquí estoy y me afianzo;

formo hombres

según mi idea;

un linaje semejante a mí,

que sufra, llore,

goce y se alegre,

¡y que no te respete,

como yo!

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